José Salvador Cárcamo – http://www.veoverde.com/author/jose-carcamo/

Durante una semana -15 al 23 de junio – Río de Janeiro fue el encuentro de colores, olores, sabores, palabras, expresiones y lenguas diversas. Redes, pueblos originarios, movimientos sociales, sindicatos, agrupaciones culturales, artesanos, organizaciones de la sociedad civil, ecologistas, feministas, militantes, poetas, documentalistas de diferentes regiones del planeta nos dimos cita en un escenario encantador, el Aterro do Flamengo, al igual que hace 20 años atrás; y protagonizamos la Cumbre de los Pueblos por la justicia social y ambiental. Todos los días, carpas, campamentos, talleres, actividades autogestionadas, se expresaban libremente. Se debatía sobre cómo nos organizábamos para defender los bienes comunes y enfrentamos la mercantilización de la vida.

A unos kilómetros de ahí, en el centro de convenciones Río Centro, representantes de 193 países participaban en la otra cumbre, la de los estados, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible.

Pero también hubo otro encuentro: Territorios sin Fronteras; donde se articulo la sociedad civil y los municipios. Cruzando la bahía de Guanabara en Niterói en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), obra magistral diseñada por el arquitecto Oscar Niemeyer, la ANANMA, Asociación Nacional de Organizaciones Municipales de Medio Ambiente de Brasil y SIMAAS, proponen la constitución de una Confederación de Territorios y Municipios para la sustentabilidad.

Lo que nos dejo a los que participamos en los diferentes espacios de Río+20, fue una sensación de satisfacción crítica. No fue lo mejor pero fue bueno. El movimiento social y popular se encontró, creo conciencia, levanto propuestas, le dijo a los jefes de estado: ¡Aquí estamos presentes! No para salvar al planeta, sino para ¡Salvarnos nosotros! Lo que requiere el respeto y armonía con la madre tierra, cito: “La defensa de los bienes comunes pasa por la garantía de una serie de derechos humanos y la naturaleza, la solidaridad y el respeto a las cosmovisiones y las creencias de los diferentes pueblos, como por ejemplo, la defensa del ” Buen Vivir” como forma de existir en armonía con la naturaleza, lo que presupone una transición justa a construirse con los trabajadores/as y el pueblo” (declaración final, cumbre de los pueblos).

En la cumbre oficial los delegados de todos los estados –con las reservas de Bolivia, Ecuador y Venezuela- aprobaron el documento final, “El futuro que deseamos”, con las ausencias del presidente de Estados Unidos (Barack Obama) -reemplazado por la Secretaria de Estado Hillary Clinton-, del primer ministro británico, David Cameron, y la canciller alemana, Ángela Merkel. La Secretaria de Estado norteamericana aplaudió el documento de Río+20, aunque lamentó que en el texto final de la cumbre no haya una mención a los derechos reproductivos de la mujer: “Se debe dar a las mujeres el poder de tomar decisiones sobre si quieren tener hijos y cuántos”. Las reservas de Bolivia, Ecuador y Venezuela son respecto a la economía verde como mecanismo de privatización de la naturaleza y reivindican el derecho soberano de los Estados a elegir sus propios modelos de desarrollo sostenible, criticando los “mecanismos innovadores de financiamiento” como los mercados de carbono y de agua, como de servicios ambientales.

Los acuerdos de Río+20 siguen más la línea de la Conferencia de Johannesburgo del 2002 que la de la Cumbre de la Tierra Río’92. Pero hay un mayor protagonismo de los países del Sur o en vías de desarrollo, existe un mayor reconocimiento de los derechos de la mujer. En la cumbre de los pueblos se denuncia como la causa estructural de la crisis global: el sistema capitalista patriarcal, racista y homofóbico. En el MAC, en Territorios sin Fronteras sostenemos, hay que desarmar la guerra para construir la paz; y en todos esos espacios de encuentro y desencuentro intercambiamos igualitariamente, con reciprocidad nuestra vida: poesía por collares de semillas, teatro por una sonrisa, caricias por amor.

 José Salvador Cárcamo

Economista libertario, académico de la Universidad de Buenos Aires y autor del libro “Bioeconomía y desarrollo en América Latina y el Caribe”.

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